Tras una discusión bastante interesante en el blog de Cactus, no pudimos llegar a un común entendimiento y nuestras posiciones quedaron enfrentadas de manera definitiva, creo. El tema de discusión era si había posibilidad de cambio en nuestro comportamiento y si este supuesto cambio afectaba a nuestro yo, ser, alma o como quiera llamárselo. Yo defendía que sí, pero mis adversarias dialécticas opinaban que somos lo que somos, aún cuando cambiemos nuestros comportamientos, que nuestra semilla no puede cambiar.
Mi opinión es que lo que somos (ese "yo", esa "alma") no es más un folio con un título, pero que lo que a continuación escribamos en él, aún cuando inicialmente esté condicionado por ese título, depende de nosotros y de factores ajenos a nuestra concepción: nuestra educación, nuestra capacidad o deseo de cambio o de aprendizaje. Así, ese "título" es una idea que puede ser buena o mala o regular, pero que no tiene porqué marcar el devenir de nuestro libro, ya que nosotros deberíamos ser capaces de adaptarlo a lo que queremos escribir. Por tanto, creo, que sí podemos cambiar, que cuesta mucho, pero que es posible, y que si somos capaces de ello, ese cambio nos transforma en alguien distinto (mínimamente, por supuesto). No somos más que un conjunto de ideas adquiridas (por inducción, por deducción o por adquisición) y su manifestación en la realidad, que no es más que nuestra conducta o comportamiento. Por ello, si cambiamos esta conducta, es porque hemos cambiado nuestras ideas y si hemos modificado estas ideas, nuestro "yo" no es idéntico a como era antes y somos otro, muy poco diferente, pero otro.
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martes, 3 de junio de 2008
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